EL VIAJE DE AURORA

1702-0703-2016

Ejercicios de escritura / Escribir en pasado

Enchufé el teclado a las cartas del tarot y me puse a escribir. Tenía un ansia tal que me faltaban letras y confundía la o con la u, o al revés. No importa, importaba atrapar la idea en la cabeza y dejarse ir. Devenir. Pero no lo lograba, seguía escribiendo como quien ya conoce el número de estaciones en el metro y sigue el mismo camino de todos los miércoles a las 17 para ir a ver a su sicóloga (que es un amor y que todas ya conocen).

En medio de una pared azul verde, estaba Miriam (no ése no es un nombre de escritora, Cecilia mucho menos, María Sabina, mmm interesante), perdón, Aurora (obvio, Aurora rima con autora, con diosa y con amanecer), Aurora Patflá (perfecto, amanecer posmoderno). Recomencemos. En medio de una pared azul verde, estaba Aurora Patflá (suena que tiene cara de pato) sentada transcribiendo de su cuaderno amarillo a su compu, sus notas de viaje. No sabía muy bien por qué pero lo sentía necesario y le daba alegría poder postearlas en un blog de 36 seguidores (sin comentarios).

Acababa de leer el primer capítulo de una novelita corta de Bolaños, la primera y única que encontré en el librero de la amiga que me hospedaba en Febrero 2016, y, tras una siestita, ya estaba excitada y con ganas de adentrarme en algo cara diablo XV. Me encantó descubrir que los paréntesis son válidos. Teclado, mouse, pantalla, tarot, agua y voces en mi mente, ahí nomás, ahisito nomás, y entonces…. Entonces nada, apagué los garbanzos, me acordé que era mortal y seguí leyendo a Bolaños que ya me habían dicho que no era una pérdida de tiempo.

Se sentía feliz escribiendo, era como si solamente tuviera que mover los dedos encontrando un ritmo propio y entonces la música le salía como burbujas en espiral a través del arcoiris, hasta por los codos. Tecla con tecla, mate con mate. -Sigue y sigue sin que nada te arrebate, la conexión con las estrellas la encuentras al desnudarte. -Que no te muerda la poesía -Ten cuidado con la rima y el mate. Tantas voces no la dejaban ser libre.

Aurora venía de recorrer el sur de Latinoamérica, le dolían las rodillas de recordar el viajecito que se había mandado, (fue a Machupichu?), hubo de todo, las notas no alcanzaban a contar ni poquito de la enciclopedia de paisajes, creencias y gestos nuevos que había descubierto en cada lugar. De Colombia a Argentina (alucina). Cuando inició pensó que llegaría en 6 meses y a medio camino se dio cuenta que valía la pena quedarse un poco más (un poco más, jaja). De Colombia conoció muy poco, Bogotá, Ciudad Bolívar (debería decir algo pero si me paro aquí nunca llegaré a Buenos Aires), Cauca, Ecuador (casi nada) y Perú, de donde tardó en salir casi 1 año. (un año?). En la selva. Después Bolivia y la mitad de Argentina, la mitad izquierda? (que en esos días no estaba muy animada), mmm la mitad de la tierra, de la pampa, de la pachamama. Sobraban la yerba y los despidos, el dólar alcanzaba el 15 y no faltaba quien dijera “chupámela” (y ella quedaba boca abierta).

Si quería seguir escribiendo tenía que apurarme porque el teclado era prestado y los mosquitos estaban de oferta. Todo eso más las ganas de hacerle a la ficción realistojocosa que no sabe bien a dónde va, daban más nervios que risa. Era verano en Buenos Aires. (pegajoso). Miré al lado y ahí seguía el diablo quince mirándome de reojo. 2 seres del bosque atados a 1 cuerpo andrógino con panza sonriente y alas de murciélago. Espejo desafiante. (“Fuerzas del inconsciente, pasión y creatividad” diría Jodorowsky o algunx de su escuela). Pensaba en lo que es tener el pelo corto, es raro, como vivir en un país extranjero.

La Patflá no iba sola, imposible ir sola en un continente tan cálido, quizás se puede empezar sola el viaje pero en la primera parada ya estás con otrxs 3 o hasta con otrxs 20. Como cuando en Coroico se armó la gorda y el del hostal sacó montón de instrumentos y se pusieron a improvisar música juntxs y fue genial (genital). Ella cerró los ojos y se echó unas rimas, todxs le respondieron con sonrisas y emociones que nunca olvidará (fue la certeza vez que lo hizo, palabras abeja zumbando en su boca de volcán activo). Qué noche. Qué viaje. Cada espacio su propio sazón. Unas veces hablaba más y otras menos, sobre todo cuando fumaba o bailaba, ahí lo único que podía hacer era reír. Era como si el baile y la yerba le sacaran lo que verdaderamente corre por sus venas, su esencia: su alegría de mono, su sangre delfín

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