La fertilidad como metáfora

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Del libro Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer

de la Dra. Christiane Northrup

Es necesario que ampliemos el significado de las palabras «fertilidad» y «nacimiento». Hemos de comenzar a considerar el poder femenino de parir por lo que es: la base de toda creación. Cuando suficientes mujeres perciban su poder femenino creativo que nos es inherente a todas y cada una, el mundo cambiará. Cuando las mujeres utilicemos este poder, los hijos, las ideas y el nuevo mundo que daremos a luz serán sus-tentadores de todos los seres, incluidas nosotras.

Ya sea que elijamos o no el embarazo, todas tenemos codificado en nuestras células el conocimiento de lo que es concebir, gestar y parir algo que se desarrolla a partir de nuestra propia substancia. No es necesario tener un bebé para aprender a parir. El parto, ya sea físico o metafórico, nos enseña a no combatir el proceso de dar a luz, sea lo que sea lo que demos a luz, incluso aunque duela y deseemos renunciar.

En cierto sentido todas tenemos abortos espontáneos, abortos inducidos, partos disfuncionales y bebés nacidos muertos, así como creaciones hermosamente formadas. Por desgracia, en el patriarcado se nos ha enseñado que las creaciones que no son «perfectas» no «valen». Lo que con demasiada frecuencia el patriar-cado ha considerado un fracaso es en realidad parte del todo del cual podemos aprender. No es necesario pasar físicamente por estos procesos para comprenderlos y sanar de ellos; son procesos inherentes a la naturaleza.

Cada mujer debe encontrar su verdad sobre cómo utilizar su fertilidad o sanar ese aspecto de su vida. Yo no pretendo saber lo que es mejor para otra mujer, sólo ella puede descubrirlo. Lo que sí espero y deseo es que estas palabras te estimulen a mirar más profundamente las experiencias de creación de tu cuerpo y te sirvan  para comprender y sanar.

Pérdidas durante el embarazo

Aborto espontáneo

Aproximadamente uno de cada seis embarazos acaban en aborto espontáneo. Les digo a mis pacientes que el aborto espontáneo es el modo que tiene Dios de acabar con gestaciones que no van a producir bebés sanos. De todas formas, las mujeres que tienen un aborto espontáneo deben lamentar y llorar la pérdida del hijo, aun cuando crean que el embarazo «no estaba destinado a ser». En algunos casos hacen tanto duelo como las mu-jeres que dan a luz a un niño muerto.

Un aborto espontáneo no aumenta las posibilidades de tener otro, pero muchas mujeres pierden la confianza en su cuerpo después de tener Uno. Llorar la pérdida y aprender a confiar nuevamente son dos cosas importantes para la mujer después de un aborto espontáneo. Otro problema de gran importancia es el sentimiento de culpabilidad: muchas mujeres tienen la errónea impresión de que el aborto se ha debido a algo que ellas han hecho. Yo les digo a mis pacientes que los bebés sanos no se abortan espontáneamente. (Por desgracia, entre las mujeres que fuman sí hay un índice dos veces superior al normal de abortos espontáneos. Y por los estudios realizados sobre los «productos de la concepción», parece ser que estos eran por lo demás fetos normales. Las fumadoras también tienen menos éxito en todos los aspectos de los tratamientos de ferti-lidad.) En un estudio reciente, realizado por la doctora Claire Infante-Rivard, de la Universidad McGill de Montreal, se comprobó que beber una cantidad de cafeína superior a tres tazas de café diarias durante el em-barazo, casi triplica el índice de abortos espontáneos.50 Si bien estudios anteriores no habían demostrado ese efecto con tanta claridad, las mujeres harían bien en disminuir o eliminar el consumo de cafeína antes de la concepción y durante el embarazo. Si has tenido un aborto espontáneo, no dediques mucho tiempo a tratar de descubrir «por qué». Simplemente siente tus sentimientos y tómate el tiempo necesario para llorar tu pérdida.

Varios estudios indican que en las mujeres que tienen repetidos abortos espontáneos (tres o más) po-dría haber una interacción entre las emociones y los sistemas hormonales que intervienen en el embarazo. El doctor Robert J. Weil, investigador de los aspectos emocionales de la infecundidad, y C. Tupper escriben: «La mujer embarazada funciona como un sistema de comunicaciones. El feto envía continuos mensajes, a los cua-les la madre responde con sutiles modificaciones psicobiológicas. Su personalidad, influida por su situación vital siempre cambiante, puede o bien 1) actuar sobre el feto para mantener constantes su crecimiento y su desarrollo, o 2) generar cambios fisiológicos que pueden conducir al aborto.51 Son diversos los modos en que el cuerpo de la mujer modula sus sentimientos acerca de su embarazo, pero todos ellos están mediados por los sistemas inmunitario y endocrino. Así, los estudios han demostrado que hay desequilibrios endocrinos a consecuencia del estrés emocional en las mujeres que abortan habitualmente (llamadas «abortantes habitua-les» en los círculos médicos) y en aquellas que tienen lo que se denomina «cuello del útero incompetente», es decir, que se dilata con demasiada rapidez y entonces el útero no puede retener al bebé. Las mujeres que tie-nen abortos espontáneos habitualmente o que tienen un cuello del útero incompetente, a veces tienen dificul-tades para aceptar la maternidad y su papel femenino. Para estas mujeres, la feminidad significa sacrificarse, ser pasivas y sufrientes, y tener que servir y atender a las necesidades de su marido (pero también dominar-lo). En estos casos, la mujer se queda embarazada porque «su marido desea tanto tener un hijo». También piensan que «tener un hijo es la principal consecución de la mujer y que no poder tener hijos significa ser in-capaz como mujer».52 Con frecuencia eligen un marido dependiente y callado y tienen una expresión social limitada y poca adaptabilidad. Debido a su reserva, suelen ser incapaces de participar en la vida que las ro-dea. En estos estudios, las mujeres del grupo de control, que no habían sufrido ningún aborto espontáneo, tenían una imagen mucho más sana de lo que significa ser mujer.53 En otro estudio se comprobó que las «abortantes habituales» obtienen básicamente su placer en la vida cumpliendo las expectativas de los demás. Responden complacientes a las exigencias de otras personas, aunque en su cuerpo se acumulan la tensión y la hostilidad. Se sienten culpables si expresan sinceramente su rabia ante las exigencias de los demás, y entonces van acumulando la frustración hasta que su cuerpo responde con una enfermedad física. El aborto espon-táneo del hijo (la enfermedad «psicosomática» o «autoinmune» en este caso) alivia la tensión que se ha acu-mulado en su cuerpo. Es interesante observar que cuando muchas de estas mujeres hicieron psicoterapia des-pués y aprendieron a tratar directamente con la rabia en lugar de almacenarla en su cuerpo, el índice de éxito de los embarazos siguientes fue del 80 por ciento, mientras que en aquellas que no hicieron psicoterapia sólo fue del 6 por ciento.54 También se ha comprobado que las mujeres cuya pareja las apoya o que cuentan con un buen apoyo social son mucho menos propensas al aborto espontáneo o a tener problemas durante el embara-zo. El Programa de Fertilidad para la Persona Completa de Niravi Payne ha tenido también mucho éxito en los problemas relacionados con el aborto espontáneo.

Comienzos truncados: La experiencia de un bebé nacido muerto

Cuando hacía mis prácticas como médico residente, una hermosa joven católica dio a luz a dos preciosas ge-melas idénticas. Desgraciadamente, las pequeñas estaban enredadas en sus respectivos cordones umbilicales y murieron justo antes de comenzar el proceso del parto (lo cual es muy excepcional). Yo estaba ayudando al médico que asistía el parto, y le pregunté a la madre si deseaba ver a sus dos bebés. Mi intención era envolver a las gemelas en pequeñas mantas y pasar un tiempo con la madre después del parto, acompañándola mien-tras veía a sus bebés. Pero su médico me reprendió y le dijo a ella: «Regina, es mejor que no las veas. Ahora te vamos a dar algo para dormir y para que puedas seguir con tu vida y olvidar esto. Te dolerá verlas». Mujer obediente, ella accedió. Yo, como médico en periodo de práctica, sabía que no haría bien en discutir con el doctor.

Intuitivamente sabía que ese médico estaba equivocado y que esa madre necesitaba comunicarse con lo que había creado, para no soñar después durante años con bebés sin rostros. Sus hijas eran en realidad muy hermosas. La madre necesitaba ver sus manitas, sus cuerpecitos perfectos y sus caritas angelicales, y saber que su cuerpo los había creado. Es muchísimo más fácil tratar con lo que «es» que con nuestras fantasías de lo que es.

La mayoría de las mujeres necesitan comunicarse con sus «creaciones», con sus bebés nacidos muer-tos. Si no lo hacen, puede haber problemas emocionales inconclusos. Cuando una pareja tiene un bebé de-forme o nacido muerto, necesitan mirar y tocar ese ser, tomar fotos, ponerle nombre y tal vez hacer una cere-monia de algún tipo que reconozca que ese niño o esa niña existió. Actualmente muchos hospitales disponen de cámaras, para que los padres puedan fotografiar a sus bebés enfermos o que han muerto, y así tener algo tangible a lo cual asirse.

Cuando se conoció mejor la obra de la doctora Elisabeth Kübler-Ross sobre el dolor por la muerte y el hecho de morir, con la publicación de su libro On Death and Dying,* los hospitales comenzaron a comprender que eludir o negar la muerte no favorecía el proceso de sanación de los pacientes. Demasiadas mujeres que han perdido bebés nunca han llorado apropiadamente su pérdida; de hecho suele decírseles: «Tienes otros hijos en casa», «Puedes tener más hijos» o «Debes ser fuerte». La aflicción se consideraba una especie de auto-complacencia.

* Hay traducción al castellano: Sobre la muerte y los moribundos, Grijalbo, Barcelona, 1993.

Pero lo que no es lamentado totalmente no se puede liberar. (Esto es también un problema de la infe-cundidad.) Sanar del dolor de una pérdida durante el embarazo es un proceso. Precisa tiempo; precisa que la mujer se dé el tiempo y la libertad necesarios para hacer el duelo y sanar.

Barb Frank me escribió la siguiente carta acerca del inesperado nacimiento de su hijo Micah muerto después de un embarazo normal y sano:

Me he quedado muy frágil y vulnerable después de esta experiencia. Ha sido un periodo de intenso crecimiento emocional y espiritual. Al principio fue una experiencia de apertura, de permitirme la vulnerabilidad y estar dis-puesta a condolerme abiertamente con mis amigos […]; llorar delante de otras personas y con ellas ha sido muy sanador y una experiencia muy nueva (normalmente me domino y lo programo todo). Esta ha sido también una experiencia transformadora emocionalmente para tres amigas que vinieron a la clínica y pudieron estar un tiem-po con nosotros y coger en brazos a Micah, en medio de esa misteriosa energía entre nacimiento y muerte que había en la habitación. Esto ha profundizado muchísimo mi compasión y mi comprensión; ha afectado a mi tra-bajo de terapeuta ocupacional pediátrica con familias que se enfrentan a sus propios miedos y pérdidas por tener hijos con discapacidades. Ya no les tengo miedo a sus lágrimas ni a su rabia, porque yo he pasado por lo mismo. La necesidad de crearme un espacio y un tiempo para hacer el duelo y reflexionar en medio de días ajetreados me ha aproximado más a una disciplina espiritual de oración y meditación regular, para la que siempre deseé ha-cerme tiempo; nunca lo logré hasta ahora, cuando he tenido que hacerlo para mi supervivencia emocional. O sea que supongo que he recibido el mensaje.

Barb también escribió una nota para hacer partícipes a los demás del nacimiento de su hijo. La puso en todo, desde las tarjetas de agradecimiento por los regalos que había recibido hasta las tarjetas que entregó durante el funeral, e incluso la puso en algunas tarjetas de Navidad. Dice así:

Ante el misterio de la vida y la muerte,

lamentamos la pérdida de nuestro hijo Micah,

que nos acompañó a lo largo de un embarazo

sano y esperanzador, pero nació muerto el 21 de septiembre con

2,450 kg y 47,5 cm.

A petición de sus comadronas también escribió la siguiente lista de las cosas que la ayudaron durante su proceso de recuperación. Es una lista de cosas muy útiles y universalmente aplicables para ayudar en el duelo por una pérdida de cualquier tipo. Me siento honrada de que me deje incluirla en este libro:

  • Al principio, hay que pasar bastante tiempo con el bebé y hacerle fotos para tenerlas y poder enseñar-las después. Algunas parejas también han bañado y vestido al bebé. Una pareja se llevó al bebé a casa para tenerlo con ellos varias horas.
  • Que vengan amigos a ver y abrazar al bebé. Esto validó toda la experiencia para mí, ya que nadie ha-bría llegado a conocer a Micah, y en ese sentido no sería «real» para la mayoría de los amigos y fami-liares.
  • Llorar con otras personas y ver a otros llorar nos lo hizo más fácil. Cuando trataban de ocultar sus emociones para parecer «fuertes» o «profesionales», hacían que todo pareciera peor.
  • Notas y llamadas telefónicas de personas que habían pasado por la experiencia de la pérdida y podían expresarlo. También nos sirvió mucho hablar con personas que habían pasado un tiempo pensando en lo que habíamos experimentado y fueron capaces de reflexionar y decir algo más que: «No sé qué decir».
  • La presencia física de personas y el contacto físico con ellas, sobre todo los primeros días y semanas. Yo sentía la necesidad de «colgarme» de las personas y sentirme conectada y «presente» en el mundo, lo cual es bastante poco característico en mí. Al pasar el tiempo, las llamadas telefónicas siguen sir-viendo a esa finalidad, sobre todo cuando necesito estar en contacto con alguien porque lo estoy pa-sando mal.
  • Hacerme un «altar» con los regalos importantes, las notas, las fotos y los recuerdos de Micah. Esta ha sido una manera palpable de recordarlo y honrarlo. Jamás entendí la importancia de los santuarios y los altares de otras culturas hasta que ocurrió esto. Encender una vela (y llevarla por la casa) sigue siendo muy consolador cuando me siento deprimida.
  • Recuperar la forma física, haciendo todo el ejercicio que mi cuerpo sea capaz de soportar en cada fase.
  • Entregarme a actividades intencionadas. Hacer tareas concretas en la casa, en el jardín; eso me daba la sensación de hacer algo y al mismo tiempo no requería mucha capacidad para resolver problemas (durante un tiempo me sentía frustrada fácilmente, tenía problemas de memoria y no disponía de mucha energía creativa).
  • Estar al aire libre. Para mí, volver a trabajar en el jardín me conecta con el ciclo de la vida, me conecta con la Tierra y me da la sensación de esperanza y renovación. Ir a la playa es agradable, pero al prin-cipio el mar era casi demasiado intenso emocionalmente, tan infinito y simbólico como una fuente de vida.
  • Leer libros y folletos sobre el duelo y la pérdida de un bebé. Muchos los leimos juntos mi marido y yo, en voz alta, lo cual también nos permitía hablar de nuestros sentimientos. Siempre me hacían llorar, pero llorar ha sido positivo e importante. Después me sentía mejor.

Barb continuó con su vida y dio a luz a una niña sana. Me contó que el embarazo fue difícil porque siempre estaba preocupada por la salud del bebé. Pero con el apoyo de sus comadronas y el personal del cen-tro de maternidad lo consiguió y ahora está disfrutando de su hija.

Programa mente-cuerpo para favorecer la fertilidad

Si tienes algún problema de fertilidad, te recomiendo encarecidamente leer todo el programa que presenta Niravi Payne en su libro y hacer todos los ejercicios. Los pasos que explico a continuación te servirán para comenzar.39 Te recomendaría tener tu diario a mano mientras los lees para así poder anotar cualquier pensa-miento, sentimiento o creencia que vaya surgiendo en los pasos que he esbozado. Tus reacciones serán una guía útilísima en tu viaje hacia la sanación de tu fertilidad.

El método mente-cuerpo para la fertilidad se basa en la premisa de que el conocimiento es poder y que un cambio en la percepción, basado en una nueva información, es lo suficientemente poderoso para pro-ducir cambios sutiles en los sistemas inmunitario y nervioso. Al margen de lo que te hayan dicho acerca de tu fertilidad, necesitas saber que la compleja interacción entre los factores psicosociales, psicológicos y emociona-les influye de modo muy profundo en tu capacidad para concebir, y que puedes trabajar conscientemente esto para mejorar tu capacidad de tener un bebé.

Lo primero que nos hace falta en el campo de la fertilidad es un nuevo lenguaje. Pocos términos son más dañinos para las mujeres (y los hombres) que la etiqueta de «estéril». Esta palabra golpea en la esencia misma del concepto que se tiene de una misma y en la autoestima, y provoca un diálogo interior punitivo en las mujeres que pasan por esta experiencia. Muchas se sienten incapaces y culpables por este trastorno o si-tuación, lo cual genera en su interior un círculo vicioso. La palabra «esterilidad» evoca imágenes de tierra árida, seca, que no es capaz de dar frutos. Si actualmente llevas esta etiqueta, reemplázala por la siguiente: «Soy un ser sensual, sexual y fértil, con una enorme capacidad de dar y recibir amor, cariño y sustento». In-teriorizar el sentimiento que acompaña a estas palabras te va a servir para cambiar el concepto de ti misma (y tu fisiología). Recuerda que cambiar el concepto de ti misma es un proceso, no un acontecimiento. Dale tiem-po.

  • Paso uno: Mira el cuadro grande. Has de saber que no estás sola; son millones las mujeres que están explorando nuevos territorios en el aspecto de equilibrar su vida personal y profesional. Tu situación en el tema de la fertilidad podría ser, en parte, la consecuencia de las avasalladoras fuerzas psicológicas que han influido inconscientemente en toda una generación, con efectos fisiológicos muy reales.
  • Paso dos: Si tienes más de 40 años y estás tratando de quedarte embarazada, revisa atentamente tu programación respecto a ser «demasiado vieja». Brant Secunda, un chamán de origen estadounidense forma-do por los indios huichol, que vive en una remota región de México, dice que las mujeres huichol se quedan embarazadas después de los cincuenta e incluso de los sesenta años, como algo normal. (Tal vez debido a que no les han dicho que sus óvulos son demasiado viejos, su fertilidad no sufre mucho con la edad.) Y en esta cultura, con todos los avances tecnológicos de que disponemos para la reproducción, la maternidad después de los cuarenta y cincuenta años será cada vez más común.

Hazte la siguiente pregunta: ¿de verdad creo que me es posible quedarme embarazada y tener un embarazo y un bebé sanos después de los cuarenta años? Si bien las estadísticas demuestran que, en general, la fertilidad de la mujer disminuye con la edad, la mayoría de las mujeres no entienden que esas estadísticas no predicen si una mujer va a tener o no dificultades para concebir. De hecho, en los veinte últimos años, los partos de mujeres mayores de 40 años han aumentado en un 50 por ciento, y en 1991 fueron 92.000 las mujeres de estas edades que tuvieron bebés en Estados Unidos.40 Esa cifra continúa aumentando. Es posible que muchas mujeres mayores de 40 años no sepan lo fértiles que son, y tal vez por eso no usan anticonceptivos. Ese podría ser el motivo de que la frecuencia de abortos entre las mujeres mayores de 40 años sólo sea inferior a la que hay entre las mujeres de 18 a 25 años. ¿Quién dice, pues, que tus óvulos son demasiado viejos?

  • Paso tres: Haz la conexión entre tus emociones, tu familia y tu fertilidad. Lo esencial del Programa de Fertilidad para la Persona Completa es descubrir cómo los mensajes interiorizados en la infancia afectan aho-ra a la capacidad para concebir. Está muy claro que la fisiología de la mujer podría estar reaccionando, de forma automática e inconsciente, a situaciones directamente relacionadas con problemas de la primera in-fancia y la familia. Aunque muchas personas, sobre todo otros familiares, pueden creer que es más fácil y más sano olvidar las experiencias dolorosas de la infancia, y podrían instarte a evitar los temas emocionalmente explosivos, tu disposición a recordar y soltar tus ataduras emocionales a experiencias del pasado va a liberar la energía que te servirá para sanar tu fertilidad. Ten presente, por favor, que recordar las experiencias dolo-rosas de la infancia no se hace a expensas de los recuerdos más felices. Lo normal será que este trabajo sea una mezcla de alegrías y tristezas profundas que en último término te llevarán a un espacio de más amor y per-dón, hacia ti misma y hacia tus padres.

Para comenzar esto hay que hacer un epistograma. Un epistograma es una historia de la salud física familiar que diagrama las costumbres o pautas familiares. Lo creó Niravi Payne, adaptando el genograma que usan los terapeutas de familia. Puede servirte para entender qué circunstancias, a lo largo de muchos años, podrían haber causado tus problemas de reproducción. Niravi escribe: «Hacerlo es un potente método para crearse nuevas rutas o vías para sanar, concebir y llevar a término un bebé». Para hacer un epistograma se hace el mismo diagrama que se haría para dibujar un árbol genealógico, sólo que además de los nombres de los abuelos, padres, tíos y hermanos, se añaden también sus enfermedades o síntomas físicos, sus característi-cas emocionales y cualquier dificultad reproductora que puedan haber tenido. Es como un trabajo detectives-co. Recuerda que, para bien o para mal, tu familia te sirvió de modelo en lo que respecta a tus relaciones ínti-mas actuales. Hazte las siguientes preguntas acerca de cada uno de los miembros de tu árbol genealógico: ¿qué mensaje recibí de esta persona acerca de tener hijos? ¿Fue positivo? ¿Fue negativo? ¿Interioricé este men-saje? ¿Qué me indujo a creer acerca del proceso de concepción, embarazo y parto? ¿Había algún secreto fami-liar, por ejemplo un aborto espontáneo o un embarazo, que se mantuviera oculto?

Niravi señala algo muy capacitador: «La verdadera liberación de la programación negativa recibida de nuestros padres se produce cuando dejamos de negar que somos como ellos. Preguntarnos cómo sentimos, pensamos, actuamos y reaccionamos igual que nuestros padres es el comienzo de nuestra separación de ellos y de nuestro proceso de sanación. Cuando miramos de este modo nuestra vida, es más fácil sacar a la luz la ambivalencia multigeneracional acerca de la concepción que esboza el epistograma». Y esto nos lleva al paso siguiente.

  • Paso cuatro: Identifica tu ambivalencia. Es perfectamente normal sentir una cierta ambivalencia res-pecto a tener un hijo. Es posible desear muchísimo un bebé y al mismo tiempo sentir terror por el proceso. ¿Y por qué no? Un hijo cambia la vida permanentemente y de formas que no se pueden planear. Ciertamente yo sentí ambivalencia, y tanta que cuando estaba embarazada de mi primera hija, no le compré absolutamente nada de ropa hasta que nació. Continué cumpliendo mis obligaciones en el hospital como si a mi cuerpo no le estuviera ocurriendo nada. La ambivalencia sólo es un problema cuando no se la reconoce ni trabaja. Muchas de mis pacientes han deseado quedarse embarazadas, pero no estaban seguras de querer criar un bebé. Otras han deseado tener hijos, pero no han querido quedarse embarazadas, pensando que es demasiado doloroso, demasiado dañino para su figura o lo que sea. Otras han sentido el miedo de que podrían tratar a sus hijos como sus padres las trataron a ellas. Es necesario sacar a la conciencia estos sentimientos de ambivalencia, para que no obstaculicen la concepción. Hazte la siguiente pregunta y escribe la respuesta en tu diario: ¿Por qué no deseo un bebé? Sé absolutamente sincera cuando hagas este ejercicio.
  • Paso cinco: Aprende las técnicas de relajación profunda, respiración profunda, visualización y medita-ción. Las meditaciones y visualizaciones guiadas, al igual que otras técnicas, pueden servirte para conectar con tu sabiduría interior respecto a tu fertilidad. Las encontrarás en el libro de Niravi Payne The Language of Fertility. La doctora Alice Domar, del Hospital Deaconess de Boston, ha empleado con éxito las técnicas de meditación de presencia mental y otras como la respuesta de relajación de Herbert Benson (véase la sección sobre el síndrome premenstrual) para ayudar a las mujeres a sanar del estrés de la infecundidad, aumentando también de forma importante los índices de embarazo.41 Una guía práctica para el programa de la doctora Domar se encuentra en su libro Healing Mind, Healthy Woman (Henry Holt, 1996). También hay cintas de case-te.

La formación en presencia mental y relajación es especialmente importante si te vas a hacer tratamien-tos médicos de alta tecnología para la fertilidad, ya que está claro que el estrés emocional y psíquico no resuel-to ni expresado tiene consecuencias fisiológicas que podrían estorbar la eficacia del tratamiento.42 Pero cuando se trata y resuelve el estrés emocional, suben los índices de embarazo.

  • Paso seis: Piensa en la posibilidad de pedir ayuda. Siempre es ideal trabajar con alguien, ya sea en un grupo o con una persona, para sanar la situación en lo que respecta a la fertilidad. Niravi Payne y Marcelle Pick, de Women to Women, forman a profesionales de la salud de todo el mundo en el Instituto de Formación Profesional en Fertilidad de la Persona Completa. El Centro de Mujeres del Instituto Médico Mente-cuerpo de Boston también ofrece programas de medicina conductista para aprender a reducir el estrés.

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