contestando el examen

14-06-2015

Hoy desperté cantando, “ya agarraste por tu cuenta las parrandaaaaaaaas”, ajuuua!.. Hace 3 meses que tomamos la purga ayawasca aquí en la selva peruana y desde entonces algunas veces tengo sueños sanadores, clarificantes, lúcidos, fríos e incomprensibles. Ése de anoche fue uno de ellos, borrachos y borracheras interminables, amanezco casi cruda y cantando frases agurdientosas “ya no se si maldecirte o por ti penar…..paloma negra, paloma negraaa…”, ¿será que los dolores de México andan penando por el aire?, ¿será que la ayawasca sigue purgando memorias etílicas?… quizás, quizás, quizás…

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Otra noche desperté alegre y apurada, todavía a oscuras, con la sensación de “tengo que ir a la escuela, se me hace tarde”. Esa mañana fuimos a una comunidad a grabar el trabajo comunal de construcción de una casa tradicional, con maderas, hojas y sogas del monte y con las manos de todos y todas, le dicen “choba choba” y significa mano con mano, pelo con pelo, ayuda mutua, trabajo colectivo; de  esa manera se construye, se cultiva, se ayuda, se vive bien. Desde mayo estamos yendo a los choba choba de diferentes comunidades, muchas andanzas, hartos aprendizajes. Otro día despierto con el recuerdo casi intacto de un sueño muy claro: tengo que estudiar medicina, tengo mucho que aprender sobre el cuerpo, pero no será un poco tarde para ir a la universidad, me pregunto y río sola. Ayer, como casi cada mañana, me dice eloiko “que soñaste, yo estaba caminando sin rumbo y derepente estaba entre tiroteos y asaltos, al final decidimos hacer un pueblo en un supermercado ocupado”. “Bueno yo tenía que contestar un examen sobre el tiempo que he pasado con los pueblos, enfrente de mucha gente tenía que resumir los aprendizajes más importantes de los últimos 5 años”, le contesto. Reímos. Me quedo pensando en el sueño y decido sentarme a escribir esto, quizás con las ganas de contestar el examen por lo menos de los últimos 5 meses, a ver cómo me califican, ojalá pueda transmitir algo de lo mucho que hemos aprendido estos días y noches de selva comunitaria.

Como dijeron los zapatistas: salud, alimentación y educación son los tres ejes de nuestra autonomía. Acá en la selva quechua le dicen, “sembrar para comer”, o “nuestra chacra (terreno donde se siembra) es nuestro mercado”, casi todo lo siembran o lo encuentran en el monte. Frijol, maíz, calabaza, arroz, tomate, papas, ají (chile), maní (cacahuate), palta (aguacate), frutas, yuca, cocos, papaya, plátano… son la base de la alimentación de los pueblos, todo va “de la chacra a la olla”. Aunque, influenciados por la escuela, la tv y la modernidad, algunos ya no quieren sembrar arroz, o solamente quieren sembrar café y cacao para vender, y comen mucho pan o pollo de granja, hay abuelas que todavía hacen su jabón con manteca de chancho, hombres que van a traer carne de monte, mujeres que tienen a sus bebés en casa, niños que cuidan los pollos, niñas que aprenden de las abuelas, abuelos que cargan leña, abuelas que hacen hilo de la planta del algodón, mamás que hacen platos de barro, papás que van a traer suri (gusanos) o armadillo para desayunar… hay muchas familias y comunidades que conservan sus capacidades autónomas de vida buena.

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Le dicen “educación comunitaria” a la que se hace en los espacios de la casa y la comunidad, se sabe que es importante y se cuida estrictamente sobre todo por los padres y madres campesinas que saben que sus hijos e hijas seguirán cuidando la tierra y las costumbres que han ido heredando de lxs ancestrxs. A los niños se les enseña a cargar, montear, construir, pescar, cultivar y conocer las purgas. A las niñas a cocinar, tejer, hacer platos y tinajas de barro, cuidar los bebes, criar las plantas caseras y sembrar. Se crece aprendiendo de mamás, papás, abuelas y abuelos según sea el género. A ambos se les enseña que sus actividades son complementarias e interdependientes. Las mujeres saben exigir carne de monte y los hombres saben pedir chicha (bebida tradicional hecha por las mujeres a base de maíz fermentado que no puede faltar en el choba choba y en cualquier fiesta o reunión comunal), hacen con cariño y orgullo lo que les toca y exigen del otro lo que debe aportar. También he escuchado de mujeres que saben ir al monte, me dicen que “si quieren ir pueden ir”, igual que del cigarro mapacho que casi más fuman los hombres, “las mujeres también tenemos boca y podemos fumarle”, me dijo una vez una mujer. Se aprende en la casa, la chacra, el monte, el agua, las plantas, las actividades comunales… caminando, cocinando, conversando, haciendo choba choba, cultivando, siendo autoridad.. pero sobre todo se aprende riendo. La alegría es característica de las actividades comunales, no recuerdo una vez que hayamos estado en grupo donde no estuvimos riendo. Muchas bromas tienen connotaciones sexuales que se hacen en doble sentido o en un tono sarcástico. Por ejemplo, un hombre le dice a una mujer en frente de todxs “que rica chicha” y ella le contesta “¿idem pisho?” (¿igual que vagina?) y todxs ríen. Muchas veces no entendemos porque se habla en quechua, pero se siente la picardía en las miradas y risas compartidas. Se aprende que la vida es “kushi kushi” (alegría) cuando se vive en comunidad.

Aprendemos también que “la chacra es la farmacia y las plantas son curanderas”, siguen vivos los saberes de la naturaleza. Mayormente las abuelas crían las plantas y dicen que son ellas las que curan, “mejor que hospital, nosotras nunca hemos ido a la posta (casa de salud del Estado), hemos tenido nuestros hijos en la casa, hemos sanado de todo en nuestra chacra”. Hay muchísimas plantas caseras y purgas fuertes que tienen propiedades medicinales, “falta quien toma”, dicen algunos riendo. A pesar de las presiones del Estado y el Mercado para amedrentar su autonomía, siguen vivas estas plantas doctoras que saben curar desde una gripa hasta un parto. Se sabe cuándo y cómo tomarlas, se sabe que hay que transmitir el conocimiento, se sabe invitarlas y se sabe también que hay que dietarlas. La dieta es generalmente un tiempo después de tomar las plantas donde no se comen irritantes, manteca, dulce, y no se hace sexo ni se toma alcohol, cada planta tiene sus indicaciones precisas, “la dieta nos cura”, dicen. Son más bien las purgas fuertes (como la ayawasca) las que tienen una dieta más estricta, se sabe que el cuerpo necesita purgarse y cuidarse constantemente. Y es que el cuerpo es la herramienta más importante del trabajo diario. Las purgas se toman generalmente para fortalecer y curar el cuerpo de todo, para darle calor y darle ánimo, para que pueda “caminar  como el viento”. Vienen desde lejos a tomar las purgas doctoras y dicen que están curando cáncer, epilpesia, diabetes, anemia, reumatismo.. “de todo curan estas malditas” dice un abuelo curandero. Localmente se toman desde siempre para levantar el cuerpo, para ir a cazar, para curar enfermedades fuertes y “para sacar toda la cochinada y hacernos monte”, dicen, “para no olvidar que somos naturaleza”, diría Don Grimaldo.

Alimentación, educación y salud son también los tres pilares de la autonomía quechua. Aunque habría que agregar uno más. “Pani (hermana) cesilia, ¿te has acostumbrado aquí, te gusta?, me pregunta don Braulio, “sí claro, nos gusta porque aprendemos mucho, porque se vive bonito, feliz, alegre, porque se come de la chacra, porque no necesitamos ir al mercado, porque podemos ir al monte, porque hacemos la radio, porque blablabla…  “No pani, de aquí no te has ido porque aquí te damos Cariño”, me dice sonriendo sabiamente. Reímos. Es verdad. Creo que si tuviera que contestar el examen sobre lo que he aprendido de los pueblos, ésa sería una de las palabras clave: Cariño.

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El mismo cariño que siento por México y que me hace despertar cantando paloma negra, ése que me duele cada vez que veo los medios y me sueño entre borracheras. Aquí también me dueles tus muertes México lindo, a veces me siento en tu selva de ceiba, otras camino tus calles despiertas, de noche abrazo tus manos contentas; ésas que gritan y bailan, ésas que ninguna muerte calla,  ésas que han aprendido que arriba todo es veneno, ésas que no saben olvidar lo que es bueno. De noche cariño tus corazones dignos que saben que ningún esfuerzo es inútil cuando se quiere construir otro planeta; aunque sea en el peor momento, aunque sea donde nos lleve el viento. Amo tus esfuerzos colectivos, amo amigxs y familia que no olvido. Amo esas luciérnagas que van canto del río, encendiendo la noche más densa, alumbrando conciencias desiertas. Amo, perdono y no olvido.

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