armadillos, lechuzas y luciérnagas

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Había una vez, en el mundo de aquí a la vuelta, el desierto de l@s armadill@s nocturn@s.

En aquel desierto, donde alguna vez hubo mucho mucho sol como en cualquier otro, el sol había sido eclipsado por gruesas nubes negras de contaminación. Diariamente se construían walmarts, casas y edificios con luces gigantescas con tal de tapar el cielo y esconder la tierra, cada vez más seca.

Año tras año la oscuridad se hacía más presente y más normal, pues l@s armadillos se esforzaban todo el tiempo en cubrir la larga noche con luces artificiales de todo tipo: Computadoras, televisiones, videojuegos, leds en la ropa, luces en los zapatos, centros comerciales abiertos 24 horas, neón por todos lados, kilómetros y kilómetros de paisajes artificiales transmitidos por pantallas HD… todo con tal de iluminar la densa oscuridad de su desierto nocturno.

L@s armadill@s se acostumbraban desde pequeños al mundo de las pantallas y los robots para no sentir la oscuridad de aquel desierto donde siempre era de noche. Jugaban, aprendían y se relacionaban a través de sus pantallas. Pasaban días frente al videojuego y lloraban cuando se le acababa la pila a sus mascotas con visión nocturna. Cuando ya eran grandes podían trabajar desde cualquier lugar a través de sus pantallas portátiles y antes de dormir era costumbre dejar la luz y las televisiones encendidas. Recibían cascadas de luz e información hasta en los sueños y esto los estaba volviendo cada vez más ausentes, depresiv@s y violent@s; pero como ya se habían acostumbrado a vivir así, no les parecía un problema.

De repente, no sabemos si era día o noche, una pantalla explotó y todo a su alrededor comenzó a revolverse. “¡Noooo!, ¡Nooo, qué voy a hacer! ¿Qué voy a hacer sin mi pantalla? ¿Qué va a pasar? ¿Cómo voy a vivir?”, gritaba el armadillo realmente asustado. Como pudo, encontró su gorra con leds y su mini pantalla portátil y le habló a su hermana para pedirle que lo fuera a ayudar. No entendía muy bien lo que veía, nunca había visto la oscuridad de frente, los ojos le dolían.

Un rato después llegó su hermana, escuchó lo que había pasado y lo invitó a dar un paseo por el desierto nocturno. “¿Puedo llevar mi mini Tablet?”, preguntó el armadillo, “¡No Rotundo!”, le contestó su hermana, tirándola al suelo. El armadillo se quedó congelado, nunca había visto así a su hermana, no podía creer que eso estuviera pasando. “¡Vamos, apúrate, ya es hora!”, dijo ella animándolo a salir. Fueron caminando más allá del centro comercial y de los paisajes artificiales HD, hasta que llegaron a la orilla de un río casi seco. Todo era nuevo para el armadillo, que había crecido en un mundo donde los únicos ríos que conocía eran los de sus juegos de video. “¿Siempre es de noche?”, preguntó el pequeño. “Poco a poco irás entendiendo, todavía nos falta un poco de camino para llegar con la lechuza sagrada”, dijo su hermana. “¿La lechuga Qué?”, preguntó el armadillo gritando. “La-le-chu-Za Sa-gra-da, gobernante de la otra noche, sabia y protectora como un gato con alas. Capaz de intensificar los sentidos para poder ver a través de los engaños y las apariencias externas. Y de muchas cosas más. Te va a caer bien”, le contestó. “Tas re loca hermanita”, afirmó el armadillo. image

Después de unos cuantos kilómetros más, llegaron a la casa de la gran lechuza. Con sus enormes ojos redondos y sus hermosas alas rojas, les dio la bienvenida. Después de escucharl@s, purificó sus adormecidas visiones con yerbas y pociones mágicas. “Tómense este té y en 30 minutos comenzarán a ver con sus propios ojos las verdades ocultas tras el velo de los poderosos. Pueden irse, ya es hora”, afirmó al terminar. “Uoooou, dijo el armadillo al salir de la casa, “Qué loca lechuga hermana, pero de verdad crees en estas cosas?”. Su hermana lo miró enojada y se fueron en silencio rumbo al desierto. 

Poco a poco, después de un gran susto, comenzaron a ver con sus propios ojos: una inmensa oscuridad cubierta por millones de pantallas que hablaban, escuchaban y nunca dormían: castillos con plantas parlantes, fuentes con lluvias de plasma, armadillos con súper disparadores digitales. Kilómetros y kilómetros de fantasías virtuales cubriendo días sin sol y noches infinitas. “¿Pero quién hizo todo esto?” Preguntó el armadillo medio mareado y con dolor de panza.

Luego de mucho caminar regresaron a su casa y se quedaron dormidos. De repente, en medio de su noche, el armadillo despertó gritando, su hermana lo calmó y él comenzó a contarle sus sueños: “estaba todo oscuro y yo tenía vómitos de luz con mariposas muertas saliéndome por la boca, luego había luces blancas golpeándome los ojos, me dolían mucho los ojos, quería apagarlos y no podía, quería apagarlos y no podía, había mucha luz sobre mis ojos, luces rosas y azules, cuadradas y redondas, cambiaban de forma y de color, no dejaban de moverse. ¡Me dolían mucho los ojos!”. Le dijo con un nudo en la garganta y soltando una lágrima. Su hermana le dio un beso en la frente y le tapó los ojos con su mano calientita. “Es la realidad, pero espera, seguro que hay algo más”. Le dijo con voz de esperanza.

Después de un rato, el armadillo miró el techo y vio una lucecita pequeñita, “¿Qué es eso?, ¡una luz! ¡una luz natural! ¡Una luciérnaga! ¡Una luciérnaga! ¡Y allá hay otra!, ¿pero cómo puede ser?, ¡Dos luciérnagas!”. Podía ver las luciérnagas gracias a que comenzaba a ver en la oscuridad y no había más luces encendidas a su alrededor. “Es raro, hay oscuridad pero se ilumina con luciérnagas, ¡y se mueven, están vivas; y no estoy vomitando luces ni mariposas negras, no es un sueño! ¡no estoy dormido! ¡estoy despierto!”.

Las luciérnagas volaron encima de sus cuerpos dibujando flores doradas y estrellas brillantes. Él estaba casi hipnotizado con el espectáculo. En eso, a lo lejos comenzaron a escucharse muchas voces que repetían con tono oscuro la misma frase: “Somos la policía de la oscuridad, detectamos que en esta casa no hay pantallas encendidas y venimos a arreglarlas, abran la puerta o la derrumbamos. Tienen 10 segundos para abrir o los meteremos a la cárcel por el delito número 68: oposición a la buena voluntad del gobierno de la luz artificial. Abran o serán sentenciados por terrorismo”, dijo el jefe de la policía de la oscuridad. Segundos después los policías destruyeron la puerta y las luciérnagas lanzaron una molotov de estrellas para escapar. 

Las luciérnagas l@s llevaron por pasadisos y laberintos gigantes, a través de la oscuridad más allá del desierto. Después de algunos kilómetros nocturnos fueron encontrando muchos otros mundos: uno cerca donde las hormigas habían aprendido a vivir con la oscuridad y jugaban a la luz de la luna, otros donde honguitos mágicos les mostraron lo que crece desde abajo y lanza sus semillas al viento; y otros más lejanos donde el sol no había sido bloqueado por las gordas nubes de la negra contaminación, donde no había pantallas ni edificios monstruosos, donde los caracoles jugaban al aire libre y encontraba3691547873_aa31bc781an su comida en el paisaje natural; mundos de colores vivos, mundos de animales libres.

No se sabe mucho de esos otros mundos reales, pero mira bien por ahí, quizás haya lechuzas y luciérnagas tratando de explotar tus pantallas, ¡listas para mostrártelos!

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