La tortuga que no quería trabajar

tortuga1PERI. Pinura antiurbana. Vigo, 1983.

..Había una vez, en el mundo de aquí a la vuelta, una linda tortuga de colores a la que le gustaba taaaanto jugar que aunque con los años fue creciendo nunca dejó de jugar…

Como era de esperarse, iba siempre más despacio que l@s demás animales, caminaba taaan lento que tenía la oportunidad de hacer largos cuentos cortos y de sorprenderse de cualquier cosa insignificante que hubiera en su camino. Le parecía que las mariposas dibujaban arcoiris con su vuelo y que las hormigas tenían muy buen sentido del humor, aunque siempre estuvieran ocupadas, hasta en su tiempo libre.

Cada día veía a tod@s por la calle caminando tan rápido que le parecían un torbellino de soldaditos agitados. Un@s corriendo a la escuela y otr@s corriendo al trabajo. Se parecían al conejo del país de las maravillas, siempre mirando sus relojes preocupados por no llegar tarde a sus peores torturas; o a su amigo pluto, el perro, dando vueltas y vueltas en el mismo lugar, tratando de morderse la cola.

Cuando se hizo grande, ninguno de sus amiguitos jugaba ya, tod@s estaban ocupad@s todo el día, trabajando. Su poco tiempo libre lo dedicaban a ir al trabajo, regresar del trabajo y descansar del trabajo. El trabajo se había vuelto el centro de sus vidas y su mayor necesidad.  Le parecía que poco a poco quienes más trabajaban menos reían, incluso a aquellos que al principio les gustaba su trabajo, después de cumplir millones de horas todas iguales, ya no les gustaba nadita eso que tenían que seguir haciendo para toda su vida. Mientras, ella seguía inventando nuevas formas de vivir.

Una tarde que andaba haciendo sus cosas en su lenta bicicleta, encontró a su vieja amiga caracola que después de saludarla le dijo, “ya deja de jugar tortuguita y ponte a chambear, no seas flojita”. Ella se quedó calladita, pensando lo que le había dicho. Qué raro, ¿por qué pensará que no hago nada si es igual de lento que yo?, se preguntó. Y pensando muy bien las palabras le dijo: “aay no hay qué llorar, que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando”, jajajajaja, se rieron las dos y se pusieron a platicar:

Caracola – Ya tortuguita bonita, déjate de cosas y dime cómo le haces pa vivir sin trabajar, pues

Tortuga – mmmmm.. ¿Sabías que la palabra “trabajo” viene del latín tripallium y eran los tres palos con los que en otros tiempos se torturaba a siervos y esclavos?

C – ¿QUÉ?

T – ¿Y sabías que las cárceles y las fábricas se inventaron al mismo tiempo y con las mismas formas de control  y que luego fueron copiadas por escuelas y hospitales psiquiátricos?

C – ¿QUÉ?

T – Sí, fíjate y encontrarás las coincidencias, tanto en las cárceles como en el trabajo y la escuela te tratan como esclavo, te dicen qué hacer, a qué hora llegar y a qué hora salir. Algunos hasta te dicen qué ropa ponerte y a qué hora ir al baño. ¿Es demasiado control, no crees?

C – ¡Es humillante! ¡Indignante! ¡Preocupante! ¡a-a-te-mo-ri-zan-te!

T – ¡¿Ves?! ¡No es bonito torturarse con un trabajo que no te gusta! ¡Ni ser maltratado por un jefe que además de pagarte poco y ganar mucho, te discrimina! Además, ¡ni siquiera hay trabajo!, en este momento hay más desemplead@s que nunca antes en la historia animal!.

C – Todo eso es cierto tortuguita, pero, ¿y entonces?

T – Te voy a decir un secretito, acércate: “haz que tu trabajo sea un juego y que tu juego sea un trabajo”.

C – ¿Qué dices tortuga?, yo ya te estaba creyendo tu cuento y tu siempre jugando.

T – Es verdad caracolita: Somos lo que hacemos. Y deberíamos hacer lo que nos gusta para poder ser lo que amamos; en lugar de sólo ser lo que nos obligan a ser. Estamos taaan sumergidos en el mundo del trabajo que no vemos lo mal que nos hace. ¡Pero controla nuestra vida entera! Somos llevados de una caja a otra toda la vida, vamos de la incubadora, al salón de la escuela, y de la oficina a la caja de muerto.

C – ¡No manches! ¡Qué horror!

T – Sí, estamos tan habituados a vivir en cajas y ser obedientes, que hemos perdido nuestras capacidades creativas y nos da miedo ser libres. Pero la verdad es que no necesitamos mucho para vivir felices. El trabajo, como muchas cosas que compramos y que tenemos en casa, NO es necesario.

C – ¡¡¡¿Y entonces?!!!

T –  Ya te dije, es cuestión de DIVERTIRSE, de JUGAR, de HACER JUNT@S las cosas que necesitamos en lugar de sólo ir a COMPRARLAS. Si puedes sembrar tu comida, hacer tu ropa, curarte con plantas, construir tu casa, organizarte con otr@s, NO NECESITAS TRABAJAR. Además, hay much@s animales que ya lo están haciendo, que están descubriendo que en lugar de tener un trabajo esclavizante y agotador, es posible hacer actividades creativas que generan dignidad e ingresos y permiten construir en autonomía una forma de vida diferente.

C – ¡Pero eso es muy difícil!

T – Es difícil si lo haces sola, mira ven, te llevo a que conozcas a mis compañeros del huerto. Y luego me acompañas a intercambiar los tomates por azúcar y las papas por jabón, ése lo hacen otr@s amig@s, no podemos hacer todo sol@s, hay que apoyarnos y compartir lo que tenemos. Y así poco a poco vamos construyendo el mundo que queremos. ¿Quieres aprender?

AUDIO CUENTO – versión corta para Radio Tlayuda

Anuncios