la abuela que quería aprender a volar

2/01/13 – 14/02/13

Hubo una vez una abuela que quería aprender a volar. Era una abuela como cualquiera, entregada a lxs demás, entregada a la vida y al amor. Tenía el corazón joven pero un poco viejito. Le gustaba _________ (completa el cuento con tus mejores recuerdos).

Un día me contó que cuando era niña soñaba con poder volar, con ir más allá de las nubes y poder ver a los angelitos, porque sus hermanas mayores le habían dicho que cuando en casa llueve es porque los angelitos allá arriba están llorando y cuando escuchamos que el cielo truena es porque arriba andan ocupados moviendo sus muebles. Entonces cuando subió por primera vez a un avión, estaba súper emocionada por conocer a los angelitos, no podía esperar más el momento de despegar y traspasar las nubes para descubrirlos. Así que por fin despegó el avión, subió, subió, más y más, hasta más alto que las nubes.  Y la abuela niña con sus ojos abiertos, empezó a llorar de desilusión. No había casas, ni muebles, ni angelitos. La única lluvia que vio allá arriba fue la que comenzó a caer de sus ojos.

Muchos años después, ya con el corazón más grande y más llovido, organizando unos cursos y unos círculos de lectura entre amigxs, la abuela mujer encontró sus ángeles. Estaban escondidxs entre la gente común y se llamaban comadre, amiga, compadrito, amigo. Descubrió el cielo en la amistad y las estrellas en el interior de cada unx. Aprendió a hacer silencio para escuchar y a observar adentro para volar.

Pero la abuela madre seguía con ganas de sentir la libertad del vuelo de las gaviotas, así que un día de lucidez  anunció a su familia y a sus ángeles que volaría del nido, probando nuevas rutas y con equipaje más ligero; y así lo hizo. Luego descubrimos que la naturaleza le dio un corazón que crecía cada vez más rápido, cada latido era un pequeño salto al cielo; hasta que de pronto, ya más cansada pero también más lúcida, sintió que era el momento de volar infinitamente, comprendió que las abuelas con corazones tan llenos aprenden a volar más pronto. Aprenden a volar primero hacia adentro y luego ya no necesitan más el cuerpo para seguir volando. Así que anunció su última partida, consiente, tranquila, sonriente.

Pd.1. La abuela libre, fue una gran maestra, nos enseñó con su vida y con su muerte que:

  1. Hay que aprender a  vivir y morir.
  2. Los ángeles están entre nosotrxs.
  3. El cielo hay que buscarlo dentro nuestro.
  4. Para poder volar hace falta creer, ser, estar.

Pd.2.  Este cuento me lo contó mi madre en un silencio cálido y profundo entre Oaxaca y Veracruz. Después me sonrió con sus alas bailando el viento.

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